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Desde mi ventana

Ocurrió tras la presencia del eclipse, después de situarme algún tiempo frente a un acontecimiento que ocurre muy de tarde en tarde, después de presenciar una obra de geometría  inmaculada, después de intentar penetrar en las entrañas de un suceso tan espectacular, que cubrió todo nuestro planeta, y tan perfecto que nada falla ni fallará jamás; no se observaba aquel  miedo que siempre acompaña, cuando se manda algún artilugio tecnológico a la luna, aquí se sabe de antemano, que todo es limpio, impoluto y excelente. Fue después de este momento, en el que como si necesitara respiración asistida, me senté frente a mi ventana, aquella que visito cada maña sobre las seis horas, y que me permite respirar aire renovado, además de sentir en mi piel una brisa que te impregna de fuerza revitalizada, junto a una perspectiva, según la época, más o menos clara, en la que está siempre impresa una relación de cosas pendientes, amén de acontecimientos pasados y de proyectos mediatos e inmediatos.

En este caso, mi mirada retrospectiva me llevo hacia unos de los recuerdos más intensos que ante cualquier sacudida emocional me invade,  “el primer encuentro con el maestro de mi pueblo”, hombre serio, tez enjuta aceitunada, mirada nada bondadosa, casi despreciativo, serio, muy serio, me mira, y en resorte me pone un ábaco frente a mí, y me “espeta” , vete pasando bolas; me miró sin mirarme, y se alejó, pasando así, solo, la mañana. Recuerdo que lloraba, mi madre estaba enferma, por lo que me acerco al a escuela una chica joven que teníamos en casa, yo añoraba compañía, abrigo, atención, calor…!esto no podía suceder!. Que obras tiene la vida, que obras tan imperfectas, quebradizas y vulnerables, y que poco hemos avanzado: nos sentimos más cerca físicamente, pero emocionalmente suspicaces y paranoicos, llenos de desconfianza y compitiendo, construyendo a la vez que destruyendo, como ocurre con el mito griego de Sísifo.

Esto me permitió entender que seguía en la línea de salida, porque me vino otra imagen, en la que pasaba el tiempo mirando por la mirilla de la puerta, era una novedad, en el pueblo siempre han existido puertas de dos hoja, la de arriba siempre abierta, y la de abajo cerrada, cualquier vecino podía pasar, pero llegó un momento, década de los cincuenta creo, que se fueron cambiando, la nuestra fue la primera, poniendo una puerta más estilizada de una sola hoja, y con una mirilla en el centro, era una enorme novedad, casi a la altura de la televisión, por lo menos para mí en un mundo tan reducido. Me pasaba de niño gran pararte de mi tiempo junto a la mirilla, viendo quien pasaba por la calle, hombres, mujeres, matrimonios, vecinos, niños, y al final se lo contaba a mi madre, así los niños vivimos nuestros primeros años, sin agua corriente, en casas romanas, en las que ocupábamos la primera planta, en la que se situaban también los animales, con corrales, no patios, llenos de animales domésticos, cuyo objetivo   era el de formar parte del menú, pollos o conejos; se arañaba la tierra que por escaso abono y por la mala calidad de la misma, no daba grandes cosechas, y esto era en su conjunto una vida en un lugar cercano a la Edad Media, al final del siglo pasado.

Sin embargo, ahora nos estiramos y elevamos la cabeza, nos enamoramos de nosotros, manifestando  con profunda satisfacción, donde hemos llegado, las cosas que se puede hacer ahora en todos los campos, como se ha trasformado el mundo, o por lo menos su cara visible,  cuantos avances, la tecnología ha logrado suplantar en muchos trabajos a las personas, disponemos de carreteras, aeropuertos, líneas aéreas, productos comestibles, sanidad avanzada,… de tal forma que la vida se ha prolongado,  y vivimos mas años. Pero a su vez los enfrentamientos, las confrontaciones, los desacuerdos que bloqueen soluciones, las permanentes luchas que enmascaran los odios, envidias y el afán de tener,  poseer y de ser, cada día avanzan mas, demostrando la imperfección de los comportamientos, de las relaciones humanas, además de nuestra torpezas y limitaciones, porque somos nosotros los protagonistas de encender la mecha, después de ir lentamente provocando malestar inquietud y destrucción

Se me ocurre que en el relato del eclipse, no se ha profundizado en una obra tan perfecta de la naturaleza, que se repetirá con absoluta perfección; ha representado una ocasión propicia, para explicar que somos naturaleza, que formamos parte de la misma, y que nuestras normas han de plagiar a las suyas; búsqueda de equilibrio y orden, porque todo está escrito, y si nos salimos del renglón, lo pagan siempre los desgraciados, los mas vulnerables, los que carecen de recursos, los humildes, desvalidos, esos niños y niñas menores de edad, con los que se juega como si fueran pelotas para diversión, hasta destruirlos.

Fuente: Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026

 

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