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En defensa de las fronteras de Europa

 Se vivía en un mundo donde reinaba la anarquía, los enfrentamientos eran permanentes entre las familias reinantes en Europa, y a los acuerdos alcanzados por los gobiernos de turno, les seguían los desacuerdos sin justificación alguna, eran constantes las penetraciones caprichosas en los territorios ajenos o invasiones, los cambios de actitudes en política exterior, bien por la defensa o imposición de la religión, o por los casamientos de los herederos, o por los intereses inconfesables de todos, por lo que el sentido de lealtad carecía de valor, de tal forma que la dificultad para el diseño seguro de una determinada gestión, que garantizase los intereses de cualquier país europeo, eran totalmente imposibles. Esta barroca confusión que venía minando los intereses de todo, provocó al final el estallido de la guerra, más sangrienta y mortífera, en la que si al principio la defensa de la religión era la protagonista, con el tiempo se sumaron otros intereses, siendo aliados Suecia luterana y Francia católica. Todos los países se enfrentaron contra todos, y la destrucción fue general, siendo numerosos los desplazados, y representando los muertos en algunos casos, el 15% de la población total de un país. Después de 30 años de sangrientas y destructoras peleas, hicieron bueno lo que dijo un político, que la peor guerra culminó con la mejor paz, la paz de Westfalia, en 1648.

Los dos hechos más importantes y que propiciaban más incertidumbre, fueron resueltos desde un criterio compartido, al señalarse unas fronteras universales de los distintos estados soberanos, admitidas por todos los países, con el compromiso de respetarlas, de tal forma que ningún hecho, podría poner en riesgo la delimitación de cada país; y la religión, que especialmente en centro y norte de Europa, tantos enfrenamientos había causado, quedó al margen de la política, de tal forma que cada país, podría practicar aquella religión, que por la historia, o por la realidad del momento vinieran practicando, desapareciendo así, aquellos graves y permanentes enfrentamientos, que suscitaba la imposición de unas determinadas creencias, nació así la libertad religiosa, los súbditos no tenían porque compartir las creencias del soberano.

Estos acuerdos firmados el 24 de 0ctubre de 1648, facilitaron la paz en Europa, la tranquilidad de sus pueblos, y en consecuencia su estabilidad y progreso; aumentando los contactos entre los pueblos y con ello el comercio y la riqueza, desde las colaboraciones más diversas y singulares. Europa reconocía y respetaba sus fronteras, había nacido así un concepto nuevo de gobierno, preocupado por el progreso desde la colaboración de administraciones y convenios de los pueblos, se hizo visible el respeto a las diferentes administraciones, y surgieron dos países nuevos, Países Bajos y Suiza.

Hoy, por la multipolaridad creciente, bien por intereses o por visiones políticas compartidas, desde las que se crean alianzas, alrededor de intereses económicos, y se juega con aranceles desde la fuerza de los estados, corren cierto peligro las fronteras de Europa. Por el Este, mantenemos una guerra absurda, estúpida, pero muy sangrienta y costosa, Rusia, decidió unilateralmente invadir Ucrania en febrero de 2022, después de haberse adueñado de Crimea. Sin justificación, súbitamente los carros de combate rusos, penetran en suelo ucraniano, un estado independiente, pretendiendo invadir la región del Donbas, que se extiende entre Rusia y Crimea.

Esta situación ha movilizado a Europa, desde la que se apoya a Ucrania con armamento además de con dinero, por lo que si Rusia pensó en un momento, que se trataba de un paseo su invasión, han transcurrido cuatro años, y estamos en el mismo lugar que cuando se inició la contienda. Además de la ayuda económica y armamentística, Europa ha montado una batería defensiva, desde Noruega a Grecia, como respuesta a las incursiones que se vienen sucediendo. La idea en principio es mantener a Rusia dentro de sus fronteras, y si en algún momento iniciara alguna incursión, ser repelida de forma contundente, apoyándose en la OTAN.

Pero hoy se nos ha recordado que Europa tiene otra frontera, tan peligrosa o más que la del Este, y es la frontera del sur. Una franja de terreno, el Sahel, en el que se sitúan diversos estados, desde Mauritania, Mali y Níger por el Oeste, hasta concluir con el Chad, Sudán, Etiopia y Eritrea… por el Este, manteniéndose en todos ellos graves desordenes sociales, con enfrenamientos entre guerrillas, provocando persecuciones, detenciones arbitrarias, malos tratos, incluso asesinatos, con gobiernos, autocráticos o dictaduras, donde la vida no vale nada, careciendo sus ciudadanos de trabajo, siendo los perseguidos y marginados “fuente de migraciones desordenadas”.

Esta masa migratoria, cargada de miseria, y que no tiene nada que perder, nos ha demostrado que pueden desestabilizar a nuestro pueblo, al ser su frontera, de aquí que esta, la frontera, tenemos que elevarla a la categoría de peligrosa, como las del Este de Europa, exigiendo un trato singular. Trabajemos por ello desde Europa, para propiciar las modificaciones más sofisticadas, para conseguir su invulnerabilidad.

 

Fuente: Dr. Baltasar Rodero, Psiquiatra, Santander 2026

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