PERSONALIDAD PERFECCIONISTA
Últimamente venimos asistiendo con una frecuencia más acusada, a personas, hombres o mujeres, cuya queja más frecuente es, la dificultad e incluso la imposibilidad de mantener unas relaciones sociales satisfactorias, relaciones en la que se sientan sosegados y satisfechos, donde a la luz de la empatía suscite cierto acercamiento, comunicación e incluso complicidad. “Todo para mí, se puede decir, que es difícil y complejo, me acerco, trato de situarme cerca de un grupo, de trabajo, de ocio…, y me siento sin saber por qué extraña, incomprendida, rara, como un ser al que no se le atiende, al que se le da la espalda y se le margina, no he conseguido a lo largo de mi vida, y tengo 30 años, vivir un sentimiento de pertenencia a un grupo, con excepción de aquel lejano que nació en la enseñanza primaria, del que mantengo aún alguna persona cercana, posteriormente, ya en la universidad, y después en el trabajo, siempre me he sentido diferente, distinta, no he podido, a pesar de proponérmelo, integrarme y poder decir, me siento bien, cuando participo con tal o cual persona o grupo”. Este es normalmente un relato, propio de cualquiera de los pacientes que sufren ese rasgo de personalidad. ¡Perfeccionismo!
Son todas ellas personas extremadamente ordenadas, exigentes, puntuales, controladoras…, que normalmente, por una predisposición biológica, además de por una educación familiar y social, en la que ambos espacios, el concepto de rendimiento, disciplina, trabajo, cumplimiento de las normas… van a ser premiados; mientras que el error, es sinónimo de fracaso, marginación y quebranto; desde estos ámbitos lentamente interiorizan, que solo conseguirán la fortaleza y seguridad, e incluso reconocimiento social, si mantienen bajo control todos su posibles estímulos, de tal forma que su estado de guardia, de vigilancia, su GPS, permanecerá en alerta de forma permanente, consiguiendo con ello una forma pétrea, rígida e inflexible de observar el mundo, al suponer una actitud, en la que se reduce la incertidumbre normal de la convivencia, y con ello la ansiedad que provoca; el orden, la puntualidad, la planificación, en principio provocan una sensación de estabilidad frente a un mundo incierto.
Se trata de personas estrictas, con muchas dificultades de conseguir y menos de mantener relaciones espontáneas y fluidas, porque su nivel de autoexigencia, le hacen extensivo a los otros, por lo que tanto familiares como amigos, o cualquiera que penetre en su círculo, van a observar una actitud crítica, distante y fría, al demandar que todo discurra por unos determinados raíles, de aquí que tengan enorme dificultad para trabajar en equipo; donde hay que compartir y aceptar, o de dirigirle; donde hay que escuchar y delegar, o en la formación de una relación de pareja; donde generalmente el afecto, la cercanía, la confluencia de sentimientos… queda supeditada al cumplimiento del deber, por lo que podría conseguir relaciones correctas desde un punto de vista formal, pero siempre frías e inexpresivas.
En resumen, observan la necesidad de atar todos los acontecimientos, mediante una perfecta organización, meticulosa en todos sus extremos, en la que cada detalle tiene su importancia, circunstancia que demanda una enorme autoexigencia. Por ello son personas muy responsables, laboriosas, constantes en el esfuerzo, y en consecuencia pueden llegar a la rigidez, a la tozuda terquedad, por lo que son intolerantes a los errores propios y ajenos, de aquí la tendencia al control de las personas con las que conviven, viéndose la espontaneidad, creatividad e imaginación, comprometidas por la eventualidad de surgir algún quebranto.
Teniendo en cuenta su elevada necesidad de perfección, es una constante la presencia de sentimientos de culpa, cuando su exigencia la sienten defraudada, su actitud manifiesta que no ha sabido cumplir con su exigencia, aquí cualquier fallo adquiere el rango de drama, por lo que esa tensión permanente les impiden disfrutar del ocio, pudiendo conectar con un estado severo de distanciamiento social, que puede culminar con un alto grado de soledad, marginalidad, y tristeza, dominado de forma permanente por sentimiento de culpa y de incapacidad, incluso llegando por el sentimiento de fracaso, a instalarse en un estado depresivo, que les facilite lamerse sus heridas, pero no la superación del fenómeno.
Se hace vital un tratamiento farmacológico, que le ayude a mantener cierto nivel de comprensión, a la vez de una psicoterapia, que permita visionar; la imperfección del individuo normal, y como fruto la expectativa de errores a cometer en la vida; la dificultad que nos presenta este camino; así como las diferentes capacidades de cada individuo, y con ello la diversidad de frutos que mediante sus esfuerzos cosechan; y que Aristóteles un día afirmó, “que todos somos seres sociales, y que la virtud reside en el justo medio, y que cualquier exceso termina convirtiéndose en defecto”.
Fuente: Dr. Baltasar Rodero, Psiquiatra, Septiembre 2026



