Cambia de canal
Cada día son más frecuentes los programas de actualidad, referidos a la información política, han crecido como las setas. En cualquier cadena televisiva, o emisoras de radio, o en cualquier fuente de información, un puñado de tertulianos, comentaristas, aficionados, o expertos,expresan regularmente su opinión personal, a propósito de los hechos de actualidad más importantes, y de forma especial de los referidos al ejercicio de la política; observando que, cada uno de ellos, al identificarse con un tipo de proyecto de forma de vida, va a permanecer apegado a unos determinados parámetros, para defender aquello que en ocasiones puede ser indefendible. Personas o personajes, que se corresponden con su identidad política, cometen un error o una tropelía, y son inculpados de forma ciega y agresiva por unos, mientras que los otros, aquellos cuya identidad recae en otra línea política, son disculpados, buscando argumentos en ocasiones pueriles, insulsos, e incluso inasumibles.
A pesar de la normalización social, no he podido superar lo sorprendente que resulta, que con toda claridad, sin titubeos o ambigüedades, los ciudadanos nos podamos referir,a dos tipos de jueces, de acuerdo con su línea argumental profesional, los progresistas y los conservadores, incluso pienso en ocasiones que esa foto es falsa, porque, si la justicia se fundamenta en la aplicación de la ley, quizás aquellos caracteres más expansivos y flexibles, sean menos escrupulosos, que los de temperamento estricto o exigente, pero no por ello tienen que identificarse a través de sus actos, con una determinada visión política; quizás lo explique el que nuestro cerebro, está preparado para rechazar aquellas informaciones que le incomodan o inquietan, y confirmar todo aquello en lo que cree, tomando como verdad absoluta, aquello que es costumbre, de aquí que el diálogo no siempre garantice la comprensión, al darse la previa existencia de una concepción base, de aquí que dialogamos en muchas ocasiones, con el objetivo de reafirmar nuestras creencias.
Un hecho esencial en todo ello, es el que todas las personas, tienden a buscar programas políticos que refuercen sus ideas, porque el cerebro humano necesita coherencia y seguridad. Escuchar opiniones similares produce tranquilidad, a la vez que evita estados de incertidumbre, y la incomodidad de cuestionar las creencias propias, se trata de un fenómeno conocido como “sesgo de confirmación”. Además, la política nos da un estatus de identidad, de sentimiento de pertenencia a un grupo, de tal forma que, si oímos mensajes con nuestros valores, sentimos reconocimiento y protección frente a la incertidumbre. Los medios sociales amplifican este efecto, formando verdaderos frentes en la batalla diaria, frente a un público que lentamente desde su orfandad, va buscando su perímetro de protección.
La influencia de los diferentes medios sociales, cuyas bocinas se escuchan desde los más diversos rincones, van siendo dirigidas por las élites, formadas, estructuradas, y con códigos claros al servicio de la construcción de una verdad, y ésta va situándose lentamente en los diferentes grupos sociales, captando servidores, generalmente carente de crítica, y, desde la fuerza que les da su identidad de grupo, se convierte en un enorme eco, para sembrar en las poblaciones humildes, trabajadoras; de cualquier lugar, estrato social y sexo… en ovejas amaestradas. Este es el principio del nacimiento de una idea, que puede ser real o ficticia, positiva o destructora, pero que se vende como si de caramelos se tratara.
En estos momentos, estamos inmersos en varios casos de corrupción, todos o casi todos disponemos de la misma información, compartimos las mismas noticias oficiales, vivimos en el mismo lugar, hemos participado en las mismas escuelas o universidades, nuestra formación es parecida, pero sin embargo, nuestra comprensión de los hechos, así como de la repercusión de los mismos,son medidos con diferentes varas de medir, para unos son criminales, ladrones, tramas de mafiosos… y para otros todo eso está por ver, porque no se da la suficiente luz en los hechos, de tal forma, que hay que esperar, e incluso con el apostillado de que los otros en aquel momento… procedieron de una forma tan irregular, como ambiciosa o codiciosa, provocando un quebranto al Estado de muchos millones.
Ante este panorama social al que estamos asistiendo, se hace necesario el desarrollo de un mayor espíritu crítico, “cambiar de canal”, y escuchar opiniones distintas, que no significa renunciar a las propias convicciones, sino de fortalecerlas o corregirlas, contando con más información. Una democracia necesita ciudadanos que duden, que contrasten criterios, y que traten de comprender matices, ver una cadena solamente, es conseguir una visión parcial de los hechos, algo que favorece la polarización, facilitando con ello la manipulación ideológica.
Fuente Dr. Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.



