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¡No quiero medicación!

Esta es la frase, que hace unos días un paciente exclamó sin pestañear, al inicio de nuestra entrevista, cuando aún no habíamos comenzado un solo intercambio de palabras o gestos; él, de forma rotunda, quiso dejarme meridianamente claro, el concepto que tenía de los tratamientos psiquiátricos. No dijo, me gustaría… si a usted le parece… es que desearía… tengo miedo a la medicación…nada de eso. Además, añadió enfáticamente ¿Cómo una medicación va a tener efecto sobre un síntoma emocional? El paciente, adulto, joven y soltero, al que le acompañó su hermana que se quedó en la sala de espera, dejó claro desde el primer instante, que no era partidario de los psiquiatras como médicos, y además que la medicación le sonaba a gravedad, añadiendo; “es algo que atonta, que hace que pierdas la personalidad, que nos transforma en otro ser, que sus efectos pueden provocar algún tipo de secuela, o un resultado adverso en la persona, incluso me puede volver loco”.

Fue tan rotundo, que al final de su comentario de efectos negativos de la medicación, me dijo que venía de otro psiquiatra, y que al decirle que tenía que pautarle un tratamiento farmacológico, para que pudiera mejorar e incluso curar, aménd e alguna norma de comportamiento, como elementos sin los que no podía esperar una curación, abandonó súbitamente su consulta. Pues su opinión a propósito de los medicamentos, era clara e inamovible. Lo peor de este caso, es que aunque cada día son menos, no son pocos los pacientes que de entrada manifiestan su negativa a consumirlos, aunque no tan rotundamente; y en su defecto, comentan sus dudas, por el miedo a los efectos secundarios, enumerando algún caso conocido; de que el medicamento les dormía, o les agotaba, o incluso que les hacía temblar tanto, que no podían hacer una vida normal. Por otra parte, generalmente algunos comentan, que si hay que tomar algo, que sea lo más suave o flojo posible, situando con esta prevención ciertas limitaciones en la relación médico paciente, porque los medicamentos que utilizamos son psicoactivos, por lo que de inmediato vamos a sentir sus efectos al consumirlos, y en condiciones normales, si el paciente está triste mejorará su humor, aunque no de forma inmediata, y si esta agitado o inquieto, encontrará la serenidad, sintiéndose en ambos casos algo diferente, aspecto que en alguna ocasión se califica como de, “me siento raro”, surgiendo cierto miedo.

Con el paciente que nos ocupa como se mostró tan rotundo, me tocó navegar por grandes corrientes, pues no se mostraba nada próximo, por lo que no permitía una conversación cercana y amable, su rigidez le generó cierto estado de frialdad, y en ese lugar no es fácil conectar empáticamente. Pero le propuse el siguiente ejemplo:“Imagínate le dije, que estas en la escuela, y que el maestro es serio, algo lejano, y castiga con cierta frecuencia al que le pregunta y no sabe la respuesta, un día te llama a ti para preguntarte, obviamente sentirás miedo, ante la posibilidad de no saber la respuesta, y te pondrás nervioso… en este momento, al mirarte el maestro y preguntarte, tu comenzarás por el miedo, a temblar, tu corazón cambiará su ritmo, lo mismo que el ritmo de la respiración, te pondrás rojo, tus piernas temblarán, sudarás, se te pondrá un nudo en la garganta, e incluso te podrás hacer pis o…, ¿qué es lo que ha ocurrido?, pues que el miedo que surge de la llamada del maestro, te ha inquietado y te ha puesto nervioso, expresándose este estado mediante temblores, sequedad de boca, palpitaciones, atolondramiento, confusión con malestar general… y tú dirás,¿qué tiene que ver el miedo con el pis, el sudor o los temblores…? pues que este, el miedo, incide en nosotros, provocando la aparición de unas sustancias que llamamos neurotransmisores, serotonina, dopamina, endorfinas… Sustancias que provocan esas alteraciones relatadas.

Estas sustancias químicas, son las que mantienen conectadas las neuronas, pasando los estímulos de las unas a las otras, de tal forma que, un estímulo cualquiera; “rocé el coche; jugando tenis no puse la pelota donde quería en una jugada fácil; mi hijo ha llegada tan tarde que me preocupó; ha fallecido de repente un amigo; sin esperarlo me han subido el sueldo; he aprobado y no lo esperaba…; estas y otras circunstancias análogas y cotidianas, provocan emociones que se expresan a través de nuestro comportamiento, hecho que el paciente entendió, “como que la medicación la utilizamos para neutralizar este tipo de respuestas emocionales”, que en definitiva es el cuadro sintomatológico que presentaba, al que generalmente seguirá un aprendizaje psicoterápico, que nos permita identificar, el estímulo primero  y al final su control.

Autor: Dr. Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.

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