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¿UNA UTOPÍA?

Vivimos en un estado democrático y de derecho, y en estos momentos estamos situados en el punto más álgido de la democracia, los ciudadanos han sido convocados para participar en un escrutinio electoral. Cada cuatro años, nuestra constitución ha consagrado un tiempo, en el que se renueva el parlamento y la presidencia del gobierno. Porque el poder político no pertenece por derecho propio, a una determinada persona, ni a una familia, ni a un colectivo… su legitimidad nace del pueblo, que, mediante el voto, expresa sus preferencias. Cada voto posee el mismo valor, con independencia de la cultura, posición social, profesión, sexo, domicilio… del votante, suponiendo esta igualdad una conquista histórica, que implica que todas las personas, tienen la misma dignidad como ciudadanos. El voto se le puede entender como una responsabilidad cívica, porque cuando participamos, estamos demandando nuestras prioridades como seres sociales: bienestar social, educación, sanidad, viviendas, ayudas a personas vulnerables, pensiones… de aquí que la democracia, para poderla ejercer con responsabilidad, necesita ciudadanos libres, y con información suficiente de nuestra realidad.

Por ello es momento de máxima esperanza, un periodo de ilusión y a la vez de renovación, es como el despertar de una anestesia que ha durado cuatro años, y que nos permite acercarnos  a la realidad que nos rodea. Todo está florido, y  son muchos espacios, y múltiples frutos los que nos ofrecen, de tal forma que hemos de serenarnos, y  observar la oferta, para poder solicitar aquellos que respondan más eficazmente a nuestras necesidades. Hemos de repasar como vivimos, que limitaciones tenemos, y cuáles de todos estas nos conviene subrayar, para podernos desarrollar más óptimamente como seres sociales, para hacerla más amable, cercana, colaborativa, y complementaria.

Es prioritario para el ejercicio de la convivencia apuntada, que cada individuo disponga de condiciones suficientes, para desarrollar y ejercer sus capacidades, a la vez que para participar en la vida pública. Se habla de crecimiento económico al hablar de bienestar, y no siempre ambas cosas van unidas, bienestar además de crecimiento, incluye esencialmente; vivienda digna, alimentación, protección social, relaciones humanas satisfactorias, acceso a la cultura y relaciones personales gratas. Aristóteles decía, que la finalidad de la comunidad política, debe relacionarse con la posibilidad de vivir bien, su concepto de eudaimonía o felicidad, define como el objetivo central de las organizaciones sociales, el desarrollo humano. En este sentido hay que luchar contra la pobreza, proteger a las personas vulnerables, y promocionar oportunidades reales, para que no sea la familia la que determine nuestra forma de vida, “consagrando las pensiones en la constitución”, pues no son dádivas de los políticos.

Nuestros caminos, pueblos y ciudades, van tiñéndose últimamente de penumbra, suscitando cada día una menor seguridad; ésta es esencial, permite caminar, participar, ser con los otros. La arbitrariedad y la violencia limitan ostensiblemente nuestro lenguaje común, obstaculizando aquellos proyectos con los que soñamos. La seguridad no sólo es combatir la delincuencia, implica protección jurídica, seguridad laboral, prevención de la violencia doméstica, así como mecanismos que nos protejan de los abusos. “La legitimidad del poder, está ligado a la protección de los derechos de las personas”.

Necesitamos la educación, para poder construir nuestro futuro, que no sólo es transmitir conocimientos, es aprender a razonar, contrastar información, reconocer errores, saber convivir con los que piensan diferente, poder desarrollar nuestra autonomía personal, y poder implicarnos con un criterio más riguroso, en los asuntos públicos, detectando las manipulaciones y exigiendo responsabilidades. La igualdad de oportunidades, el profesorado capacitado, la atención a las dificultades del aprendizaje, una formación profesional conectada con la empresa, y la investigación universitaria son esenciales, ha de ser la aspiración “Educar recordemos, que es la capacidad de formar personas libres responsables, y capaces de comprender”.

Uno  de los pilares esenciales del bienestar es la salud, es la esencia de nuestra libertad, de aquí la prioridad dentro de las necesidades básicas de las personas. Hemos de sentirnos muy orgullosos, porque disponemos de un sistema sanitario integral, que se considera un referente en el mundo, por lo que nuestra preocupación ha de aspirar, a que sea respetado y protegido, a la vez de reforzado, vigilando especialmente sus puertas de entrada, “centros de atención primaria y aéreas de urgencia”, actualizado permanentemente, reconociendo el trabajo de los profesionales y su actualización profesional, e incentivando la investigación básica, como refuerzo de un quehacer excelente. “La dignidad humana no desaparece ni con la edad ni con la enfermedad, la sociedad puede medirse, en él cómo se acompaña la vulnerabilidad de ese momento”.

Pensemos en el derecho al trabajo, nos permite vivir en libertad, nos estructura el tiempo, nos ofrece una identidad y nos facilita una convivencia sana. El desempleo nos debilita al disminuir la autoestima, nos acerca a la incertidumbre, y nos obstaculiza la socialización; importa la ocupación, la seguridad en la misma, junto a una formación permanente. “Tener un puesto de trabajo es fundamental, porque nos permite ejercer una vida digna”.

Para todo ello necesitamos una sana convivencia democrática, “la democracia no exige que todos pensemos igual, exige que podamos convivir”. El diálogo, respeto institucional, transparencia, justicia independiente, es vital, de aquí nuestra necesidad de informarnos objetivamente, participar, y entender que ninguna fuerza tiene el monopolio de la verdad. “El desacuerdo es normal, lo anormal es convertirlo en la imposibilidad permanente de cooperar”.

Fuente: Dr. Baltasar Rodero, Psiquiatra, Santander 2026

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