La depresión infantil

Si algo nos hace singulares a cada persona frente a las demás, es la forma de estar en el mundo, la forma de ser frente a los demás, o el ánimo o la actitud, con la que ejercemos nuestros actos, positivos o negativos, buenos o malos, que nos gusten o molesten; cada persona ante estas circunstancias es distinta. Ocurre en ocasiones que este, el ánimo, es más rico en su expresión, más vivo o diligente, y en otras ocasiones  más lento, más sin tono o con un tono más bajo, en estos casos, cuando un tono bajo no es circunstancial, y se mantiene en el tiempo, podemos hablar de estado depresivo; que no se corresponde con una situación de tristeza, normalmente pasajera, y que cualquiera la puede sentir, por ejemplo cuando le anuncian un suspenso, o no mete un gol “cantado”; aquí queremos significar un ánimo estable y permanentemente bajo, un estado de ánimo que se puede observar más o menos claramente, dentro del espacio de nuestra convivencia,  pero que si estamos atentos, la lectura del comportamiento del niño lo significará. 

Todos tenemos una idea de una persona mayor depresiva, dada su enorme frecuencia a esta edad, además, muchos hemos tenido la ocasión de convivir con ella, la hemos observado, en algún miembro de la familia, dentro del espacios de amigos o conocidos, y de forma especial en algún abuelo, o vecino. El desánimo mostrado al arrastrar los pies, o moverse con enorme lentitud; la ausencia de ganas de hablar, de comentar, de relatar alguna anécdota; el retraimiento en las actividades sociales; el abandono de sus hábitos, el desaliño o descuido; el aislamiento, y cuando le toca comentar algo, el tono triste de su exposición; la actitud amarga frente a la vida, o de cansancio casi de agotamiento; junto a las múltiples quejas de todo tipo, de culpa por algo; junto a sentimientos de impotencia y fracaso, amén de la pérdida de apetito y alteraciones de sueño. Todos hemos asistido a los comentarios; no sale de la cama, se pasa el día tumbado, no hace nada, vive como un robot, no le apetece nada, todo en su vida son quejas…

Este cuadro se aproxima a la caricatura de un adulto depresivo, y en consecuencia es lo que sin querer esperamos del niño cuando se deprima, de aquí que, cuando comentas a los padres, que su hijo sufre un proceso depresivo, se asombre, se sorprenda, lo viva como algo inimaginable, porque: primero, no expresa la imagen que todos tenemos del ser depresivo, la imagen relatada en el punto anterior; y segundo, es un niño, que significa fuerza, imaginación y creatividad, que sigue ejerciendo frente al mundo, dando guerra, saltando, rompiendo cosas, discutiendo, llevándonos la contraria, su energía como le sobra, persiste como su imaginación de aquí, por lo que, o lo miramos con ojos de escrutación, además de con enorme atención, o no conseguiremos ver nada.

Pero, si bien sigue haciendo lo mismo, no lo hace a la misma velocidad, se cansa antes, está más empalagoso, llama más nuestra atención, se muestra más mimoso, más necesitando de nosotros; se pelea porque le falta paciencia, se muestra más irascible, más sensible, y menos inquieto, más desobediente, más lejano, y más cansino; su apetito cambia, generalmente le pierde, no saborea lo que come, o lo aprecia menos, o lo deglute porque le da igual comer o no comer; duerme menos o duerme más irregular, de aquí que por la tarde esté más cansado. Juega en conjunto menos, con menor participación, no se muestra tan cariñoso con los amigos, está agotado, ni con los padres o hermanos, y globalmente se le ve retraído, participa menos, generalmente las madres más cercanas y atentas lo describen como, “está raro, ha cambiado, es diferente”.

Una vez superado el trauma o la sorpresa de saber, que los niños a pesar de su virginidad y humor, llenos de fuerza, también sufren episodios depresivos, es bueno hacer desde nuestro GPS, un recorrido familiar, de amistades, y del comportamiento en el colegio, porque estos niños sufren por algo, y esto se sitúa en la familia; en la que las discusiones, desacuerdos, enfrentamientos, en definitiva la disfunción familiar, ha sido una constante; o la crueldad de los amigos, en sus movimientos de afectos y desafectos, ha sufrido algún rechazo que le haya afectado; o en el cole, por la falta de empatía con algún profesor con el que mantuvo cierto enfrentamiento; o se trata de los compañeros que funcionan mediante grupos, del que potencialmente ha sido desplazado.

En estos casos se procede a una terapia, especialmente familiar, implicando amigos y al colegio, y en ocasiones algún fármaco.  

Fuente: Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.

Política de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Toda la información sobre privacidad, derechos legales y cookies la puedes consultar en nuestra Política de Privacidad y en nuestro apartado Aviso Legal.