La evolución de la convivencia matrimonial

Una singular circunstancia nos unió a cuatro personas de distintas edades, que, por nuestras raíces castellanas, además de por un enorme afecto, nos hemos venido desde entonces reuniendo, periódicamente. Se trate de un pescador, dedicado enteramente a la mar, a la que ama casi irracionalmente, un agricultor, que abandonó la escuela demasiado pronto por el fallecimiento temprano de su padre, y siguió su tarea en el cultivo del campo, un profesor de universidad, muy activo en redes sociales, perteneciendo a diversas asociaciones, hombre que se diría incansable. En nuestros encuentros, dependiendo del momento o época del año, vengo observando que alguno habla más que otro; en épocas de exámenes toma la palabra el profesor, contando continuas anécdotas, y siempre subrayando la generosidad de la juventud, los buenos estudiantes, responsables y respetuosos, y que como siempre ocurre, surge en ocasiones el típico grupúsculo díscolo,que especialmente en la adolescencia se vuelve más inconformista,provocando algunos desencuentros.

En tiempos de la recogida de la cosecha, es el agricultor el que mantiene más tiempo la palabra; mejor o peor cosecha, más o menos dificultad para su venta, caída generalmente de precios, la penumbra que va cubriendo este tipo de actividad, de la que nadie se preocupa y que tanto interesa, rematando que gracias a la enorme tecnología, casi nada se realiza con la mano del hombre, algo, que si los abuelos lo observaran, se sorprenderían enormemente. El pescador, siempre comienza con la dureza de su vida, sale seis meses en los que no ve a su familia, es el que se dedica a la cocina, y te habla, según la temporada, que hay más o menos pesca, siendo una belleza inigualable, cuando casi sin esperarlo, encuentras un banco de bonitos, es espectacular, “bichos con enorme fuerza, llenos de vida”, que al verse sometidos dentro de una red, se mueven con tanta violencia que agitan hasta el aire, rematando que la libertad es el estado natural de las cosas, algo a lo que tenemos que aspirar siempre; y aquí en ocasiones entro yo, que les comunico mis actividades, o tipología de consultas, que junto a la lectura, estudio, familia y tenis, suelo encontrar la paz interior que en ocasiones me abandona, algo que se viene observando cada día, en la sociedad en la que habitamos, tiempos de confusión emocional, de quebrantamiento y fragilidad, en la que se abusa de las quejas, olvidándose que somos seres imperfectos, y que lo normal es que suframos de forma casi permanente de alguna molestia, dolor, mareos, malas digestiones, insomnio…

Todos estamos casados, y en ocasiones surge el tema de la evolución de la relación de pareja, hecho en el que normalmente coincidimos, observando cómo fundamental el enorme cambio que se percibe con el transcurso del tiempo; junto a la esencialidad del diálogo y la paciencia, como lubricantes ante cualquier tipo de contraste de criterio, nos adentramos en el análisis de la relación; que se inicia generalmente con una borrachera de sentimientos, fruto del enamoramiento, una ceguera en la que sólo ves lo que te imaginas, es decir, no ves nada, sueñas, piensas, sientes, fantaseas, y con ello recompones la respuesta a tus necesidades, en ausencia de un pensamiento crítico y responsable, de tal forma que no crees, hasta pasado  un tiempo en el que has adquirido tal compromiso. De la época de fantasía, vamos lentamente aterrizando, a la vez que vamos observando nuestra realidad, época en la que puede llegar un hijo, normalmente sin saber porque, y es que generalmente no se filtra correctamente su significado; en esta segunda etapa hemos tomado tierra, ya medimos las distancias, nos orientamos mejor, y nos vamos lentamente situando cada uno en su sillón, no es fácil. Seguimos, y desde el entendimiento que nace del diálogo permanente, avanzamos, maduramos, nos necesitamos menos, estamos menos pendientes el uno del otro, cada uno tiene sus actividades, cargando la mujer generalmente con las correspondientes de la casa, y de esta inteligente distribución de responsabilidades, y de las respuestas que vayamos dando a las mismas, junto a los proyectos nacidos del deseo de superación, envuelto todo ello por el mejor conocimiento de nuestras debilidades y habilidades, se reordena un estado armonioso, aunque con perturbaciones, que sólo la paciencia y el diálogo disipan, pero que normalmente perdura conservando cierto equilibrio.

Ocasionalmente, este recorrido en las últimas fases, en el que el contacto es menor, somos mayores, así como el diálogo, pues cada uno sin darse cuenta ha diseñado su camino, en ocasiones surgen ciertos estados de frialdad y lejanía, no por falta de cariño, sino por el ansia de libertad que la fisiología denuncia, nos sentimos con limitaciones, y por ello de forma reactiva necesitamos espacios de libertad, situación que puede ocasionar desencuentros, generalmente transitorios, hasta el reencuentro tierno al final del camino.

Autor: Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.

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