¿Por qué me pasa esto a mí?
La vida para todos nosotros, supone el recorrido de un largo itinerario, cuyo motor es la voluntad de vivir, de estar y de ser, alternándose en el camino, el dolor, cuando no consigo lo que deseo, dolor que puede ser profundo y prolongado, y el aburrimiento, que siempre sigue a la superación de un efímero placer; es pues un movimiento pendular, que por otra parte se ve azuzado por la presencia ocasional, de algún quebranto u azote; una pérdida esperada o no, una enfermedad grave, un fracaso, una traición… son la actos que inciden en nuestras conciencias, provocando sentimientos profundos de angustia, dolor y miedo. Respuestas, que, desde un razonamiento lógico, no debieran de afectarnos, porque sabemos todos que su presencia, es lo habitual, es como si me sorprendiera la lluvia en la primavera, el exceso de calor en el verano, o la presencia de fruta como consecuencia la desaparición de la alfombra floreada del árbol, en primavera.
Son fenómenos que forman parte sustancial de nuestras vidas, que acontecen de forma constante, que no son casuales ni singulares, y sin embargo, ante un dolor profundo, por la presencia de una enfermedad grave de un ser querido, o del vacío enorme que provoca la desaparición de un familiar cercano, siempre en todos nosotros se nos suscita la expresión, ¿por qué a mí?, aunque obviamente esperamos este tipo de sucesos, y de otros en la misma línea, aunque lo esperamos, siempre nos sorprende y en ocasiones de forma brusca. La contradicción es sustancialmente clara, ¿pues si todo esto lo esperamos, porque esta respuesta tan, casi volcánica? ¿tan enérgicamente expresiva? parece que se sitúa, en que una cosa es saber que algo puede ocurrir, y otra muy distinta es, la observación del sentimiento de dolor, cuando nos ha ocurrido. Impresiona en términos generales, que vivimos en un pacto tácito con la normalidad. De aquí que nuestra vida se desliza en ausencia de este tipo de preocupaciones, sabemos que podemos tener un accidente mortal, pero salimos de viaje sin preocupación, sabemos en este tiempo que en ocasiones puede llover, pero salimos normalmente sin paraguas… la conciencia de la posibilidad de un mal, no elimina la expectativa de seguridad.
Esto implica que el sufrimiento provoque determinadas sorpresas, incluso cuando era previsible, la fuerza del acontecimiento destruye nuestro orden mental, de tal forma, que no sólo sufrimos por lo ocurrido, también sufrimos por su presencia en nuestro relato. Esta paradoja la entendieron los estoicos, por lo que propusieron, “si bien no podemos controlar nuestras desgracias, trabajemos sobre sus respuestas”. Séneca siempre se preparó para el enfrentamiento más normal frente a las adversidades, no para vivir angustiado, sino para reducir el impacto de la sorpresa, la famosa, “premeditatio malorum” consistía, en imaginar que aquello que damos por seguro, puede desaparecer. Las cosas no sucederán de acuerdo con nuestros deseos, decía Marco Aurelio, el error se sitúa cuando confundimos, nuestro deseo, con el funcionamiento autónomo del mundo.
A esta paradoja de que, nos sorprende algo que siempre ocurre y así lo esperamos, en ocasiones añadimos ¿por qué a mí? “Admito con dolor que, puede ocurrir el nacimiento de un cáncer, pero porque a mí”, en el fondo dejamos claro que se ha convertido cierto tipo de injusticia, porque entendemos que si bien somos nosotros los que sufrimos, se debería dar la existencia de una razón que lo justificara. En este caso Schopenhauer mantiene que el sufrimiento forma parte sustancial de la vida humana, y que además gran parte de nuestra infelicidad, procede de querer ver una realidad distinta de cómo es.
Nietzsche, de moda en estos momentos, propone, que no nos limitemos a soportar todo aquello que sucede, sino que luchemos por convertir la adversidad en materia de crecimiento, su celebrada idea, “de que lo que no me mata me hace más fuerte”, expresa esa nueva concepción de la aceptación. No solo de un acontecimiento bueno podemos extraer grandes cosas, también de un acontecimiento negativo. En esta visión de la realidad se basa, el que actualmente se estén haciendo una interpretación diferente de los errores, o fracasos, cuando un candidato presente un currículo en Silicon Valley.
Nos quedamos con que cuando nos sorprendemos ante la desgracia, no es una contradicción, sino que es una característica de nuestra psicología. Sabemos que la vida es compleja, cambiante e impredecible, pero defensivamente necesitamos vivir de una forma estable, algo que, si pensáramos permanentemente en todo lo que puede suceder, quedaríamos ateridos.
Fuente: Dr. Baltasar Rodero, Psiquiatra, Santander 2026



