Por una sociedad más crítica y responsable
Lo cierto es que vivimos en una época, en la que cada día nos sorprende con algún avance, tanto tecnológico, como científico o social, a la vez que nos enfrentamos a permanentes desafíos de todo tipo, cada día más complejos; como el cambio climático con evidencias permanentes; las enormes desigualdades sociales, en las que además de no caminar hacia un acercamiento, el tiempo denuncia que estas crecen; la desinformación, o una información parcial o dirigida, presentándonos realidades deformadas o inexistentes; la ausencia de aquellos valores que en algún momento representaron nuestros referentes cívicos, como la solidaridad, la equidad y la justicia…; el atropello a las normas internacionales, entre individuos y sociedades;el incumplimiento de compromisos nacionales e internacionales; el desprecio a los derechos humanos… De aquí que se hace urgente una reconstrucción social, en la que el individuo además de protagonista, sea respetado.
Es evidente que cada persona ha de comprender, que forma parte de un grupo, y que su comportamiento tiene un impacto, tanto en su entorno, como en el mundo en general, por ello hemos de exigirnos cierta ética, más allá de los intereses específicos como ciudadanos, que implica; no sólo cumplir con la ley como es nuestra obligación, sino que además hemos de implicarnos en un compromiso activo; con el bienestar social; en la sostenibilidad del planeta tierra, cada día más maltratada en cada rincón del mundo; en el respeto a los derechos humanos, a los que no sólo despreciamos, sino que públicamente tratamos impunemente de destruirlos:pensemos sobre lo que está ocurriendo en, Ucrania, Gaza, el Congo, Birmania,Oriente Próximo… y es que la responsabilidad social, que tiene su nacimiento en el ámbito de cada persona, implica, además del cuidado de uno mismo, el de los otros, el de los demás, esto engendra la exigencia de respetar las normas de convivencia que nos hemos dado, ser honestos, además de cumplir con cada uno de los compromisos sociales, todo ello conforma la base de la construcción de un sustrato pétreo, cuya sustancia fundamental es la búsqueda del bienestar social. Cuando cada persona se identifica con los principios éticos, la sociedad camina en la dirección justa.
Los ámbitos familiares, educativo y de convivencia social, son esenciales en este proceso, al transmitirse la responsabilidad mediante el ejemplo. Padres, madres y docentes, autoridades e instituciones… tienen el papel clave en la educación y formación de cada persona, por lo que educar en valores como la solidaridad, tolerancia, lealtad, respeto, esfuerzo y cooperación… es fundamental para la formación de individuos, al proponer, que no sólo piensen en sus intereses, en su beneficio personal, sino que el bienestar de la colectividad sea nuestro objetivo. La sociedad que sepa valorar este comportamiento, y le acepte como guía, estará apostando por un futuro más justo y equilibrado. Aunque las instituciones han de participar con la misma intensidad y convicción; gobiernos, instituciones, empresas, y de forma especial los medios de comunicación, han de actuar con la máxima transparencia y equidad, y con una perspectiva a largo plazo, y en este camino los gobiernos han de escuchar al ciudadano,promover políticas inclusivas, además de proteger los derechos de todos, de forma especial los del colectivo vulnerable. Una empresa además del beneficio propio, ha de tener en cuenta los cuidados del medio ambiente, respetar los derechos laborales, y contribuir al desarrollo de las comunidades; y los medios de comunicación han de ser veraces y éticos, buscando siempre la obtención de una sociedad informada.
No podemos hablar de una sociedad responsable, cuando ésta, no sólo no respeta los derechos humanos y el medio ambiente, sino que los desprecia, no teniendo en cuenta las grandes y crónicas heridas que le puede propiciar. Cada acción, desde el consumo de cualquier producto, al uso de las diferentes fuentes de energía… tienen su impacto en el planeta, y para ello hemos de tener en cuenta que somos parte de la naturaleza,al estar implicados en nuestro ecosistema, de tal forma que, nuestra supervivencia se correlaciona con el equilibrio natural. Fomentar prácticas sostenibles, reducir el consumo excesivo, y exigir políticas ambientales efectivas, respetar los derechos de cada ciudadano… son el principio de la labor de una sociedad consciente y responsable, a lo que debemos de sumar; la enorme responsabilidad que implica la lucha frente a las injusticias, la discriminación, la violencia, la corrupción o la pobreza…estas han de ser nuestras áreas de mayor responsabilidad, para las que debemos de tener una sensibilidad especial, una alerta permanente, y movilizarnos cuando sea necesario, exigiendo cambios que se dirijan hacia la equidad y la solidaridad; nunca puede ser un gesto ocasional, ha de representar una forma de vida mantenida permanentemente.
Autor: Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.
