Y ahora ¿qué hago?

Es el mensaje que muchos de los jóvenes de hoy mantienen. Han superado el bachillerato con la idea de ir a la universidad, o de iniciar una rama de FP, y cuando se acerca la toma de decisión, el agobio y la tensión les empujan, y la respuesta no es clara, de aquí que, a lo largo del último mes, haya mantenido en consulta algunas entrevistas con el mismo argumento. “Joven que cursa el último curso de bachiller, o que desea desde FP pasar a la universidad, junto con sus padres, todos tensos y expectantes, navegando en la duda, ante la posibilidad de cometer un error de enorme trascendencia”.

En estos casos, se trata generalmente de padres normalmente interesados en el tema, informados, y que aspiran a lo mejor para sus hijos, presentando éstos, unas notas por debajo de la media. Esto plantea en principio la posibilidad de que no tengan acceso a determinados títulos, pues tanto los centros públicos como los privados, exigen ciertos requisitos para su ingreso. El momento pues es agobiante, porque hay que dar respuesta a un problema lleno de incógnitas.

Primero hemos de comenzar por: si el joven ha venido mostrando interés por alguna de las áreas de conocimiento; si ha mostrado en su vida inclinación por alguna actividad; si conoce algún área que le interese o le atraiga; o si en sus conversaciones ha mantenido algún protagonismo sobre algún movimiento cultural, o científico. Seguro que, si penetramos en su campo de interés, encontraremos algún área que le atraiga más que otras, e incluso alguna que no le interese nada. “No puedo ver la sangre; no me gusta escribir… o me gusta el campo, las montañas y los ríos; o esto de las danas se viene repitiendo con enorme reiteración; o me encantan los monumentos antiguos; o he leído algunos libros sobre historia, y es muy interesante…”.

Otra faceta a tener en cuenta, es la inteligencia del joven, o más que la inteligencia global, el tipo de inteligencia específica que dispone, pudiéndose objetivar en gabinetes especializados. Se sabe que Gardner ha descrito hasta el momento actual, nueve tipos de inteligencia: lingüística, matemática, espacial… y de acuerdo con esta realidad, siempre será más comprensivo por lo positivo, la elección de aquel área de conocimiento, en la que nuestras aptitudes tengan mayor grado de desarrollo; aunque hemos de tener en cuenta la demanda laboral como contrapeso. Porque nosotros realizamos una determinada formación, con el objetivo de vivir de ella, y que además nos permita iniciar una vida compartida, como lo hicieron nuestros padres, abuelos… De tal forma que, no nos mueve que sea bonita, llamativa, de carácter atractivo, la elección… nos mueve la búsqueda de aquella,que, con más facilidad, nos acerque al camino de una vida compartida, social, independiente y feliz.

Si con estas premisas conseguimos informarnos de alguno de los intereses del joven, y si además estudiamos la tipología de su inteligencia, tenemos una aceptable aproximación a la realidad, que nos lleva a pensar, ¿con las notas que tengo a que centro educativo me puedo dirigir?, para añadir como sustancial, el presupuesto, porque no es una matrícula solo, puede ser, además, una estancia en una ciudad más o menos lejana, pero siempre fuera de casa, gastos cotidianos varios,comida, ropa… y gastos además de matrícula, de complementos diversos, especialmente libros y herramientas de trabajo.

Junto a esto, hemos de observar las salidas del proyecto que hemos elegido, porque puede ser muy atractivo e interesante, casi retador, pero si la demanda es mínima o muy poca, nos podemos quedar con un título colgado en el salón de la casa, muy llamativo, incluso de colores, pero potencialmente inservible…

Lo positivo es, que la oferta cada día es más rica, variada y plural, y que es muy difícil que no encontremos respuesta a nuestras necesidades, si lo observamos con serenidad; de aquí que lo primero es: pensar en la trayectoria del adolescente y sus intereses, después estudiar la singularidad de su inteligencia, o su predisposición intelectual, para con ello, y teniendo en cuenta la demanda social, “pues sería frustrante sembrar con sacrificio y no recoger fruto”, estudiar el presupuesto de nuestro proyecto, prepararse para la entrevista previa a la admisión, e interiorizar, que aquello que será la esencia de ocho o diez años de nuestras vidas, nos hará libres, y marcará además para siempre, nuestra forma de estar en el mundo.

Fuente Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026

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