Adolescencia y redes sociales

Hoy conocemos la singularidad del comportamiento, de los jóvenes situados entre los 13 y 19 años, denominados” teenager”, desde los años cuarenta, y más de aquellos pertenecientes a la adolescencia temprana, fijada entre los 12 y 15 años, aunque hemos de entender, que las barreras o límites de edad jamás son estáticas. Se trata en general de individuos inestables, que presentan frecuentes cambios de humor, impetuosos e impulsivos, sensibles y amables, temperamentales y poco empáticos con otros colectivos porque su identidad es lineal, y además ahora las familia viven con menos apego; que están instalados en sus propias fantasías o sueños, imaginativos, creativos, solidarios en general, y a la vez son especialmente egoístas, centrados en sus intereses, siendo difícil por ello su conducción, al tener definido su itinerario, por imitación del grupo al que pertenecen, y del que son especialmente solidarios.

Son seres que se sienten de forma permanente en el camino, son itinerantes, hambrientos de experiencias, escrutan, observan, fijan actitudes y comportamientos de los de su grupo, van acumulando con ello sabiduría, y se alejan física y emocionalmente de los progenitores con los que ocasionalmente, compiten, discuten y cuestionan, buscando su autoafirmación, con lo que su personalidad se va ordenando, siendo distinta, a la vez de única.

En este proceso, observamos el mayor grado de influencia de la familia, en ella crecemos, nos desarrollamos y convivimos, aunque por la relajación o disgregación de ésta, el acceso, control y conocimiento del joven, cada día es menor; es importante el colegio, donde adquirimos conocimientos, y nuevas y constantes experiencias; sumándose a todo ello últimamente, las redes sociales, espejos donde se pueden observar, cualquier tipo de inquietudes, a la vez de vehicular todo tipo de fantasías, y cuyas respuestas son un continuo aprendizaje. Es una fuente inagotable de información, se trata de un logro enormemente positivo, aunque en ocasiones sus contenidos estén encriptados, y en consecuencia muy lejos del alcance del adulto, careciendo de su posible control y conocimiento, amén de que cada día se posicionan más cómodamente los “influencers”, con permanentes diatribas, agresivas, misóginas, homofobias y racistas.

En esta línea, el psicólogo Jonathan Haidt comenta, que Instagram es una fuente tóxica, que asegura una plataforma en la que las chicas pueden publicar ciertas fotografías de sí mismas, buscando el sorprender positivamente, aunque según otro estudio, el 32% de las chicas que se someten a la visión pública, después se sienten peor. Según las estadísticas, entre los años 2003 y 2018 se ha observado un exponencial incremento, especialmente en las jóvenes, de los trastornos de ansiedad, depresivos, autolesiones y trastornos alimentarios.

Por otra parte, un equipo de investigadores entre los que se encuentra Haidt, han venido observando un incremento de las quejas de soledad, especialmente en las chicas de entre los 15 y 16 años, es la edad crucial en su desarrollo social, la más intempestiva, en la que las hormonas están más vivas, entendiendo como causa, la frustración entre el deseo o la esperanza, y las respuestas que la sociedad proporciona, especialmente a través de sus redes sociales, son siempre frías, lejanas, y en ocasiones perturbadoras.

Se han publicado multitud de estudios, sobre los efectos que las redes sociales tienen,  sobre la salud mental. Uno de los primeros estudios se realizó en la Universidad de Harvard, en el que ya se apuntaba un importante efecto negativo, especialmente en relación con el tiempo de utilización, más recientemente, en la universidad de Bath, y buscando ratificar este efecto, en otra investigación se solicitó a un grupo de alumnos que se desconectaran de las redes sociales durante un tiempo determinado, comparándoles posteriormente con un grupo control, que no se desconectó, los resultados fueron claros, disminuyendo todos los procesos patológicos ya relatados, y surgiendo en su lugar cierta gratificación, junto a un mayor grado de serenidad y felicidad; ello significa que el desconectar de las redes sociales, o el alejarse, o el utilizarlas de forma ordenada, tiene efectos beneficiosos para nuestra salud mental. Un dato enormemente significativo es, que aquellos que en el experimento desconectaron de la red, después la utilizaron con más racionalidad.

Actualmente según diferentes estudios, más del 55% de los padres, tiene problemas con sus hijos cuando pretenden que estos hagan un uso razonable de las redes sociales; dado  que son positivas, porque nos aportan mucha información, pero también son adictivas, porque esta información es inmediata y por ello gratificante, de aquí que se recomiende en principio a los padres, una utilización correcta, con ello se conseguiría un desarrollo del adolescente más equilibrado, que redundaría en una mayor armonía en la familia.

Fuente: Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.

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