Corrupción política

Recuerdo, además de con cierta nostalgia con profundo cariño, cuando mis niños, hoy son padres, unos días antes de la fiesta de los Reyes Magos, se pegaban cuando ponían el televisor, y observando las diferentes imágenes de los juguetes que se promocionaban, sin pestañear, y con los cinco sentidos situados frente al color, ruido o música de los mismos, ante cada juguete que se exponía en la TV, manifestaban automáticamente, “lo quiero”, y así de forma continua sin perderse ninguna imagen, hasta que se apagara la TV. Esta imagen revivida muchos años, tantos como la magia lo impuso, la he recordado, siempre que los medios de comunicación han publicitado, alguna de las “cacerías” de nuestros políticos, funcionarios y otros colectivos.

Porque la corrupción es un fenómeno complejo a la vez de poliédrico, que afecta en mayor o menor medida a todos los países desde el principio de los tiempos, pues está situado en nuestros genes el deseo de tener, de poseer más, de ostentar más que los demás, algo que observamos ya, en la escuela de párvulos, que sin censura emocional, escuchando a sus instintos básicos o primarios, los niños se mueven compitiendo con los otros, hasta conseguir si pueden más que nadie. No obstante, el espíritu cívico, el sentido de la ética y de la responsabilidad, amén de la presencia de una crítica consciente, además de la exigencia de unas responsabilidades determinadas en el ejercicio de las funciones, que se han jurado cumplir fielmente; se hace cuando menos muy difícil entender, el concepto de soborno, malversación de fondos públicos, el nepotismo, el clientelismo, el tráfico de influencias y de forma especial, el enriquecimiento ilícito.

Ello ocurre, porque en la génesis de este drama, se van a implicar, factores estructurales, culturales,además de los estrictamente personales;factores que se entremezclan , provocando al final un complejo manojo de actitudes, para que los actos corruptos puedan ser alumbrados, y en algunos casos se reiteren, perpetuándose, al trillarse los caminos con el transcurso del tiempo; bien por la presencia de  una debilidad institucional; como el poder judicial, o por la flexibilidad o permisividad delos mecanismos anticorrupción; sin controles, o con controles ineficaces, el funcionario o el responsable político, sienten cierta confianza en el desafío a las instituciones, superándoles el deseo de la obtención de cierto enriquecimiento.

A esta falta de detección, se puede unir la falta de transparencia en la gestión de lo público; se realizan proyectos, y en su recorrido se incrementan los presupuestos,¿arbitrariamente?; la rendición de cuentas no es clara, así como la aplicación de auditorías, careciendo además en este recorrido dela participación ciudadana. Todo ello en su conjunto, va a facilitar que las prácticas corruptas no sean extrañas, y que incluso puedan pasar desapercibidas, además de que no sean castigadas de forma adecuada. El acceso libre a la información de lo público, es esencial en la prevención de la corrupción, pues nos permite, tanto a los ciudadanos como a los medios de comunicación, tener noticia fiel y puntual de cada acción de los gobiernos o de cualquier institución del estado. Lo es también la cultura como base del comportamiento, pudiéndose observar al lado de culturas estrictas, otras tolerantes, no teniendo en unas acceso a nada, aceptándose el soborno en el servicio público en las otras,e incluso justificando el enriquecimiento ilícito, como consecuencia de unos servicios prestados al estado; esto se da dentro de sociedades carentes de una mínima educación cívica, son sociedades acríticas, que carecen de formación y de recursos, para intervenir cualquier gestión de un proceso que impresiona de enfermizo.

Así como la precariedad económica; sueldos de miseria, grandes masas de parados, desigualdades exageradas de niveles económicos, pueden explicar la corrupción en algunos medios, en el nuestro, donde sin ser deslumbrante nuestra situación económica, se satisface el deseo de la consecución de lo básico: formación, empleo y sanidad, no debiera de suceder, no obstante, la aspiración en ocasiones desmedida de superación, va a provocar en personas de baja catadura moral, al estar situados cerca del lugar, donde se gestionan ciertas concesiones públicas, cierta estimulación con una sustancial mejora económica , y con ello ver a su familia situarse en un estado más cómodo, al poder acceder a la participación de un contubernio, al ser la censura escasa, laxa o nula.

El poder, en nuestra administración jerarquizada y concentrada en pocas manos, junto a la escasez de mecanismos de control y supervisión, favorecen la lucha entre partidos y la financiación de los mismos, pudiendo fácilmente surgir redes criminales, que penetran en la trama administrativa, y que por encargo, con la mordida correspondiente, puedan realizar cualquier tipo de actos.

Fuente: Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026

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