Las emociones como expresión de la conducta

Es sabido que cada individuo es único, diferente, y como consecuencia, entre otros detalles le singulariza frente a los demás, su comportamiento, este nos define o distingue de entre los otros, de tal forma que desde la perspectiva social podemos decir que somos conducta o comportamiento. Nuestros gestos, posturas, hábitos, miradas, actitudes…, van incluso a replicar la de alguno de nuestros progenitores, o la de aquellas personas que han permanecido a nuestro lado, con el objetivo de prestarnos aquellos cuidados necesarios, y que, por la edad, o por otras circunstancias, no supimos o pudimos llevar a cabo de forma personal.

La emociones forman parte del sello por el que  nos va a definir, son genéticas, aunque se pueden modular, y están enraizadas en los sentimientos, en cuya raíz se generan; conectamos con un estímulo, “vemos algo que no consideramos normal, reclaman nuestra presencia mediante gestos o voces, olemos algo que nos impresiona, observamos un accidente grave”… y estos estímulos impactan en nuestro cerebro, provocando reactivamente un tipo único de sentimientos, que se expresarán por una emoción,” de sorpresa, de atención, de pena”…emociones que al final, van a delatar nuestro estado de ánimo.

Las emociones, son la respuesta específica a los estímulos que perciben nuestros sentidos, pudiendo ser estos internos; un recuerdo, un pensamiento… o externos, originados desde el mundo que nos rodea, y en el que nos movemos. Tienen todos, una especial significación en nuestra conducta interpersonal, permitiéndonos una comunicación más fluida, además de más rica y expresiva; siendo una combinación de componentes fisiológicos, cognitivos y conductuales. Pueden ser, primarios, alegría, miedo, ira y tristeza, que además son de ámbito universal, o compartidas por todas las culturas; y secundarias, cuya singularidad es, la de que se aprenden, siendo fruto de una determinada conducta o hábitos sociales; como la vergüenza, la culpa el orgullo…

La totalidad de las emociones, cumplen una función esencial, tanto en la comunicación interpersonal, como en el amplio campo de las interacciones humanas; a través de la expresión emocional ya sea verbal (palabra, tono de voz), o no verbal, (gestos, expresiones faciales, posturas o movimientos), las personas vamos a transmitir nuestro estado de ánimo, que podrá o no,  facilitar la conexión con los demás seres. De tal forma que, una sonrisa puede generar confianza, empatía, fortalecimiento de los vínculos interpersonales, mientras que una expresión de enojo, asco… puede provocar desconfianza y alejamiento.

También tienen una enorme influencia: en la toma de decisiones, y en la construcción de normas sociales, siendo clave para la convivencia su regulación, pues ello permite que los individuos ajustemos nuestro comportamiento, al contexto o expectativas del grupo; no es lo mismo el comportamiento que observamos frente a un cadáver, que el que mantenemos cuando asistimos a un grato evento familiar. De igual forma, la ira contenida dentro del espacio de una discusión, puede provocar que surjan conflictos mayores; como el miedo a determinados espacios o seres, que viven en el campo, puede evitar posibles graves accidentes…podemos pues observar, que nuestra decisiones están tamizadas por las diferentes emociones.

En las sociedades modernas, la tecnología y de forma especial las redes sociales, han ido trasformando la manera de la expresión de las emociones, al permitir una comunicación más inmediata y en muchas ocasiones anónima, de tal forma que, tanto su expresión, como su influencia o capacidad de respuesta, está en permanente cambio, aunque hemos de tener en cuenta una batería de conceptos, que se mantienen actualmente en la ambigüedad.

Generalmente se observa cierto desconocimiento de su importancia para la convivencia, pudiéndose afirmar, que es unos de los atributos individuales en los que la mayoría de las personas suspendemos. Afirmamos en ocasiones que se pueden controlar, cuando son como la tos, espontáneas e impulsivas. No es deseable que se repriman, es conveniente que por ejemplo, cuando se da una desgracia, y el estímulo es de tristeza, hay que vehicularla; es un acto cruel o ignorancia, cuando se ordena silencio en tales circunstancias. Sabemos que no se heredan, o cuando menos este componente es muy pequeño, al responder especialmente al aprendizaje social, a la influencia del entorno en el que vivimos.

Se puede educar para mitigarlas u ocultarlas, pero esta actitud sorprende, y al tratar de poner sordina a un hecho normal, el individuo que así se manifieste, impresionará de poco fiable, alejando a los demás. Una de la singularidades del psicópata, es la de carecer de emociones, realizan un acto de enorme crueldad, y no sienten sufrimiento, no se inmutan, por lo que no pueden aprender, y repetirán el acto con total frialdad.

Fuente: Dr Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.

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