“Hay más pereza por volver al trabajo que un síndrome postvacacional real”. Baltasar Rodero en el Diario Montañés.
«Existe una tendencia a poner etiquetas a situaciones normales de la vida cotidiana», pero en realidad «solo existe un diagnóstico entre el 5% y 10% de los casos»

Baltasar Rodero. Doctor en Psicología Clínica

Como el que llega a la meta después de una etapa eterna y tiene que volver a colocarse en la línea de salida. Sirva la metáfora para representar la vuelta a la rutina después del descanso estival. En estos días el síndrome postvacacional se cuela en las conversaciones de trabajo, aunque en la mayoría de los casos es solo «una etiqueta con la que se identifica un proceso normal de la vida cotidiana. En realidad hay más pereza y más quejas que un diagnóstico clínico», sostiene Baltasar Rodero, Doctor en Psicología Clínica, que reduce a entre 5% y un 10% los casos de síndrome real.

–¿Existe de verdad el síndrome postvacacional o a la mera pereza ahora se la llama así?

–Hay mucha controversia. Sí se puede decir que existe pero, por supuesto, es mucho menos prevalente de lo que comúnmente se dice. Sí que es cierto que la mayoría de las personas cuando vuelve de su rutina ociosa y de vacaciones puede sentir cierto malestar por perder esa situación positiva, pero si hablamos de aquellos que sufre realmente un síndrome postvacacional la prevalencia es muy escasa. Y suele ocurrir en aquellos casos que no están bien al cien por cien, ya sea porque tienen una patología de base, que les hace estar más vulnerables, o porque no están a gusto en su empresa. En esas situaciones, el síndrome no es tanto por perder lo positivo de las vacaciones sino por volver a lo negativo, pero son casos muy específicos.

Existen intereses en patologizar aspectos de la vida cotidiana

–Hay estudios que cifran en un 30% el porcentaje de afectados, ¿una cifra exagerada?

–Aquí entramos en un debate interesante de si existe una tendencia a patologizar aspectos de la vida cotidiana, y quizás se tiende a poner más etiquetas a procesos que son normales. Las clasificaciones diagnósticas están cambiando. Hasta hace nada, que una persona estuviera triste una o dos semanas por una ruptura sentimental era normal, no pasaba nada, y sin embargo según el nuevo código diagnóstico (DSM-5) directamente te dicen que sufres una depresión.

Lo mismo ocurre, por ejemplo, cuando una persona tiene dificultades para intervenir en un acto público por los nervios. Lo que a priori podía ser algo normal, automáticamente recibe el diagnóstico de ansiedad o de una fobia específica. Quizá puedan existir algunos intereses de la industria farmacéutica en tratar de crear problemas, pero concretamente la vuelta al trabajo es un proceso adaptativo, pero en ningún caso se convierte en una patología clínica. Por eso es difícil hablar de cifras, no se sabe en base a qué criterios se calculan.

Personas con clínica psiquiátrica previa son los más vulnerables.

–¿Se atrevería a calcular un porcentaje de afectados más real?

–Nosotros hacemos énfasis en tratar de normalizar esos estados (la vuelta al trabajo, una ruptura sentimental, un duelo…) en los que es normal estar triste. Y creo que se podría dar un síndrome postvacacional realmente entre un 5% y un 10% de los casos, principalmente aquellas personas que ya tienen una patología de base (ansiedad, depresión…), a los que estos cambios les afectan más, o a los que la vuelta al trabajo les resulta más desagradable porque tienen un jefe tirano o una carga de trabajo excesiva. Pero la mayoría de los trabajadores que se quejan se incorporan con cierto malestar, que entra dentro de lo normal, pero no requieren ni tratamiento psicológico ni farmacológico.

–¿Hay mucho síndrome postvacacional de boquilla entonces?

–Vivimos en una sociedad hedonista, que buscamos siempre el bienestar, en la que se nos vende que hay remedio para todo y tenemos muy baja tolerancia al malestar. No nos damos cuenta de que hay veces en la vida en la que se dan situaciones desagradables. Y por eso somos un poco pusilánimes, nos instalamos en la queja permanente en busca de una solución, incluso a veces se trata de recurrir a la pastilla fácil, sin darnos cuenta de que la felicidad plena no existe.

–¿Cómo se identifica que realmente se sufre este síndrome?

–Se presentan una serie de signos físicos, como el cansancio, la falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito o de concentración, y también síntoma psíquicos como irascibilidad emocional, irritabilidad fácil, ánimo triste o falta de interés por las cosas.

Aplicar el sentido común para prevenirlo

–¿Y cómo prevenirlo?

–Son cuestiones de sentido común. No es más que un proceso de adaptación, así que siempre es mejor hacerlo poco a poco. Mejor regresar de las vacaciones un día antes para ir preparando la vuelta, que aprovechar hasta el último minuto. Así se evita que el cambio sea más brusco. También ayuda incorporar alguna actividad ociosa una vez que se vuelve al trabajo, para que no sea un cambio de blanco a negro, y recuperar la rutina de horarios y hábitos.

–¿Quienes peor lo llevan cuánto pueden tardar en superarlo?

–Por lo general, depende hasta qué punto cuesta retomar la normalidad laboral por cuestiones personales o por la situación que le rodea. Si el problema le tiene con el jefe o sufre acoso, por mucho que se le trate va a seguir estando mal. Ahora bien, si no existen factores externos, influye como sea la persona, si tiene un nivel de autoexigencia alta o una hiperresponsabilidad que le hace implicarse más que los demás compañeros. En ese caso, hablamos de que podría tardarse tres meses en lograr unos cambios significativos y que esa persona aprenda a desdramatizar y a relativizar esa situación.

Existe un perfil más proclive

–¿Hay perfiles más predispuestos a sufrir por la vuelta al trabajo?

–Podríamos hablar de dos perfiles, uno el autoexigente, metódico y controlador, que como se implica n alto grado se desgasta más que el resto y se quema (síndrome de burnout); el otro, sería gente ingenua, que no sabe decir que no, que no sabe defender su espacio. Y no hay diferencias por sexos.

–¿En los niños se da un síndrome parecido con la vuelta a clase?

–Se puede dar sobre todo en niños que han sufrido bullying (acoso escolar), para los que la vuelta a la escuela es el regreso a una situación desagradable. En esos casos puede aparecer esa ansiedad, esa angustia que se identifica con el síndrome postvacacional.

Fuente El Diario Montañés. Ana Rosa García