Mardy Fish desvela cómo un desorden de ansiedad se apoderó de él, provocó el inicio de sus ataques de pánico y acabó con el fin de su carrera como tenista

«Estoy a horas de jugar contra el mejor de todos los tiempos, con la posibilidad de conseguir el mejor resultado de mi vida, en mi torneo favorito. Estoy a horas de jugar el partido por el que todos trabajamos, por el que nos sacrificamos, y no puedo hacerlo. Literalmente, no puedo hacerlo». Es parte de la emotiva carta que ha escrito el ya extenista estadounidense Mardy Fish, quien llegó a ser el mejor tenista de su país y séptimo del mundo, tras anunciar su retirada en el recién terminado Abierto de Estados Unidos. Hay testimonios que tocan el corazón y el de Fish estremece, sobre todo sabiendo que muchos querrían estar a prori en su lugar. Que nadie piense que aquel «partido de mi vida» de Fish era una final de Grand Slam, o de un Master 1000 o de la Copa Davis. Aquel partido era «la cuarta ronda del Abierto de los Estados Unidos, en el día del cumpleaños de mi padre, en el estadio Arthur Ashe, televisado por CBS, contra Roger Federer».

Así lo cuenta el tenista en un conmovedor artículo en The Player’s Tribune, en el que desvela, tres años después, cómo aquella tarde del 4 de septiembre de 2012 estando de camino a Flushing Meadows -junto a su mujer- para jugar el partido, un ataque de pánico le paralizó. «Me estoy volviendo loco. Mi esposa está preguntándome: ‘¿Qué puedo hacer? ¿Cómo podemos hacer que esto mejore?’. Y le cuento la verdad: «La única cosa que puede hacerme sentir mejor ahora mismo es la idea de no jugar este partido». Tras aquellos minutos al borde del infarto, el tenista decidió no jugar.

El «partido de mi vida»

Aquel fue el día en el que se dio cuenta de que los nervios, la ansiedad, ese ‘no sé qué’ que le perseguía durante tres años no podía seguir ‘quitándole la vida’. Antes de aquel día, «tenía 27 años y había tenido una bonita carrera y podía estar orgulloso de ella. Había ganado la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de 2004, había logrado buenos resultados en algunos Grand Slam, había visto mundo, tenía una buena vida…». Pero la ambición de conseguir alcanzar las primeras posiciones le llevó a cambiar sus hábitos alimenticios y a reducir peso: «Era ahora o nunca», recuerda. Las cosas iban sobre ruedas porque en 2010 y 2011 disfrutó de grandes momentos dentro de una cancha de tenis, desbancando a Andy Roddick como el mejor tenista de su país y logrando llegar al top’10 del tenis mundial.«En 2012 era el octavo del mundo. Eso era todo para lo que había trabajado. Ya no era un muchacho más en el circuito. Estaba en la elite», desvela en su carta.

Sin embargo, un desorden de ansiedad se apoderó de él y la insatisfacción de considerar el octavo puesto del mundo insuficiente, marcó el inicio de sus ataques de pánico y el fin de su carrera como deportista. «Eso que había servido tanto cuando tenía veinte tenistas por delante, se volvió algo estresante y destructivo, cuando pasé del octavo puesto al séptimo. La idea de que no era lo suficientemente bueno era muy poderosa», confiesa en un relato que pone los pelos de punta. «Era un interruptor muy difícil de apagar. Era un arma de doble filo: aunque sabía que me estaba yendo mejor, no era capaz de decírmelo a mí mismo y sólo pensaba en que me fuera aún mejor», asegura. Su situación era tal, que comenzó a sufrir arritmias – «mi corazón se volvió loco y no era capaz de pararlo»- y a finales de 2012 se sometió a una intervención quirúrgica que no terminó de arreglar el problema, ya que en su regreso a las pistas los nervios no desaparecieron.

El stress ante Simón

Para llegar al duelo ante Federer, Fish se enfrentó a Gilles Simon en el último turno de la noche y sufrió su único ataque de ansiedad en una pista de tenis. Ganaba (dos sets a uno) y cuando el marcador reflejaba un 3-2 a su favor en el cuarto set, miró el reloj y al ver que eran la 1:15 de la madrugada su cabeza empezó a entrar en una espiral.«Oh, Dios mío, qué tarde es. Mañana voy a estar hecho polvo. Cuando acabe el partido voy a tener que atender a la prensa, estirar, cenar algo, me voy a sentir fatal…». Fish desvela que de aquel partido «no recuerdo nada. De alguna manera terminé ganando los siguientes tres juegos, y el set y el partido. Pero no recuerdo nada de todo eso en absoluto», desvela.

La situación llegó a unos extremos desesperantes. «Tenía problemas para conciliar el sueño. No podía dormir solo. Tuve que llevar a mi esposa conmigo a todos lados y llegué a llevar a mis padres a Wimbledon para que me hicieran compañía. Tenía que tener a alguien en el cuarto siempre. Antes disfrutaba apagando el móvil y pasar un largo vuelo solo, pero ya no podía viajar solo. Pasé disfrutar de la soledad a no poder estar sin alguien». Desde ese incidente que precipitó su incomparecencia en el «partido de mi vida» ante Federer, el jugador de Minnesota apenas disputó una veintena de encuentros. Reapareció el pasado marzo en Indian Wells y compitió en los meses de julio y agosto en Atlanta y Cincinatti antes de despedirse de la competición en Nueva York. En su torneo, en el mismo que no pudo disfrutar del partido de su vida.

Su retirada, lejos de apenarle, es una liberación. “Esta no es una historia de deporte. Y es importante que mi historia no tenga sólo una connotación deportiva, porque esta es una historia de vida. Esta es una historia que habla sobre cómo un problema mental alejó el trabajo de mí. Y sobre cómo, tres años después, estoy haciendo este trabajo de nuevo, y haciéndolo bien. Estoy jugando un US Open de nuevo”. Y es que Mardy Fisch quiere que su experiencia vital sirva para que otras personas que sufren lo mismo que él ha padecido encuentren el consuelo que tanto le costó encontrar a él. «Esta es una historia sobre cómo, con una correcta educación, conversación y tratamiento, las cosas que una enfermedad mental te quitan, se pueden recuperar». Unas palabras que dejó escritas en una carta horas antes de caer eliminado por Feliciano López. Aquel día Fish dejó las canchas por última vez como profesional, pero el partido más importante, por ahora, lo está ganando.

Fuente: El Diario Montañes. Ja vier Varela

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