En solo cuatro años, de 2006 a 2010, los casos de depresión mayor han aumentado un 2,34%, y los de la variante menor (menos grave) de la enfermedad otro 1,8%, según los datos del estudio Impact que presentó el viernes el profesor de Psiquiatría de la Universidad de Islas Baleares Miquel Roca en un congreso organizado por el laboratorio Lundbeck al que asistió invitado EL PAÍS. El aumento es significativo ya que las bases de la enfermedad son bastante uniformes, y son los factores externos los que pueden hacer que haya más casos. Además, el crecimiento no es único, sino que se corresponde a los de otras dolencias mentales. El trabajo compara datos recogidos en los mismos centros de salud y con la misma encuesta a casi 8.000 y 6.000 pacientes de toda España respectivamente, lo que le da un especial valor como muestra del impacto de la crisis económica desde los años de bonanza (2006) a los de la crisis (2010). La depresión es, de todos los trastornos mentales analizados, el que más crece, solo por detrás de la dependencia y el abuso del alcohol. La ansiedad y la angustia también salen en la lista, con aumentos del 1,9% y un 1,8% respectivamente.

Roca también señaló que el suicidio, entendido como una manifestación extrema de esta patología, está creciendo en términos absolutos desde 2010 (3.158 casos, según el Instituto Nacional de Estadística) a 3.870 en 2013, pero afirmó que este aumento “no es aún significativo”, sobre todo porque el último año de la serie hubo un cambio metodológico en Madrid que aportó 400 casos extra. Aun así, la estabilidad de las cifras, siempre alrededor de los 3.000 suicidios al año, “indica que algo estamos haciendo mal”, dijo Roca, quien se extrañó de que se haga más caso a las muertes por accidente de tráfico, aunque sean menos (por debajo de 2.000 en 2013).

El impacto de la depresión es especialmente grave, indicó Manuel Bousoño, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, porque se trata de una enfermedad que la tiene un 4% de los españoles cada año y que, a lo largo de su vida, va a sufrir el 10% de la población.

La depresión afecta, sobre todo, a personas jóvenes, lo que tiene un especial impacto económico. 183 millones de euros en la UE en 2004. “Representa el 10% de las bajas laborales con una duración media de 36 días”, dijo Roca.

La situación de los trabajadores con depresión es sintomática de la de la población laboral. Un trabajo patrocinado por Lundbeck y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental con más de 1.000 entrevistas ha encontrado que si tuvieran depresión, el 37,4% no sabe qué haría, y, del resto, el 30,1% no se lo diría a nadie.

Los resultados son peores entre mujeres, trabajadores a tiempo parcial, mayores de 55 años y los empleados de empresas pequeñas, lo que demuestra que son los que tienen más miedo a ser represaliados. De la misma manera, el 44,6% no sabe si cogería la baja por depresión; del resto, el 64% no lo haría.

La lucha contra la enfermedad se prevé dura y larga. El estudio STAR-D, realizado con pacientes en consulta y no en ensayos clínicos muestra que el tratamiento con antidepresivos consigue una remisión hasta en el 67% de los casos, expuso Guillermo Lahera, profesor de la Universidad de Alcalá. Pero ello tras un duro camino: la respuesta a la primera línea de tratamiento es del 33%, y solo tras añadir otras tres líneas (farmacológicas o psicoterapias) se consigue esas tasas de éxito.

Parte de este relativo fracaso, que deja a un 33% sin avance frente a la enfermedad, se debe a la dificultad de diagnosticar precozmente la enfermedad y la complejidad de las terapias, el infratratamiento y al prejuicio y desconocimiento que tiende a despreciar la depresión como una enfermedad menor o una manía, indicó Bousoño. El resultado es lo que él llama la cascada de la depresión: entre el 30% y el 50% no se diagnostica; de los que sí, entre el 30% y el 50% no recibe antidepresivos; de ellos, alrededor del 50% o 65% responde al tratamiento, pero solo en el 50% la enfermedad remite. Tomando valores medios, eso quiere decir que de cada 100 enfermos por depresión, solo 7 presentan una remisión.

Pero los problemas no acaban ahí. De ellos, el 75% u 80% tendrá síntomas residuales, y el 80% experimentará una recaída. Entre esos síntomas están insomnio, ansiedad, fatiga, dolores de espalda, musculares, pérdida de la libido y dificultades cognitivas, expuso Lahera. Y ello sin contar que hay estudios que asocian ya la depresión a un peor pronóstico en caso de ictus y a problemas infecciosos e inflamatorios. Además, como dijo Bousoño, el daño en el cerebro de la depresión puede ser permanente si hay frecuentes recaídas o el tratamiento tarda en hacer efecto.

Ante este problema, los expertos piden actuaciones de prevención u diagnóstico precoz, y desestigmatizar la enfermedad para que los afectados puedan disponer —y soliciten— de todas las posibilidades que ya existen para ellos.

Fuente: El País. Emilio De Benito

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