La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio la voz de alarma hace unos días. Las enfermedades mentales (ansiedad y depresiones clínicas) afectaban ya a más de 615 millones de personas. Representa un 30% más que hace 25 años y supone un coste anual de 900.000 millones de euros a las administraciones públicas y a las empresas, ya que estas personas no pueden generar riqueza al estar mucho tiempo de baja. Y a pesar de estos datos y que en España afecta a 1,8 millones de personas (según los datos de la ‘Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud’ correspondientes a 2013), la impresión de los expertos es que no se le da la importancia que se merece. “Debe acabarse con la trivialización de la depresión”, señala el doctor Miquel Roca, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental.

“Parece que tenemos que luchar contra lo que es evidente, que esta enfermedad es grave. Y que está detrás de muchas de las bajas laborales”, insiste el coordinador de la Unidad de Psiquiatría del hospital Juan March de Mallorca. Una enfermedad que no solo tiene aspectos anímicos, sino que provoca numerosos problemas físicos y cognitivos. Problemas de concentración, falta de atención, dificultad para encontrar las palabras, enaltecimiento mental, dificultad en la toma de decisiones, aumento de peso o un bajo umbral del dolor son algunos de los síntomas persistentes en estos pacientes que durante años no se han relacionado con esta enfermedad mental. “Estas personas sienten mucho más dolor, no aguantan un golpe como antes. Eso antes no lo sabíamos”, apunta el doctor, que apuesta como objetivo básico que ele paciente “recupere la funcionalidad”.

Una lucha contra una enfermedad persistente, donde las recaídas son frecuentes. Entre el 30 y el 50% de los enfermos sufren un segundo episodio; un tercero lo tiene hasta un 80% de los pacientes y un cuarto pueden tenerlo nueve de cada diez. “Si el paciente presenta más de un episodio debe considerarse seriamente el tratamiento profiláctico”, apunta el doctor Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona.

Pero antes de estos apartados, los doctores, que presentaron un nuevo fármaco (vortioxetina) de Lundbeck para el tratamiento de la depresión y sus efectos cognitivos, inciden en la necesidad de mejorar el diagnóstico y la adherencia. Casi la mitad de las personas con depresión no están diagnosticados y cuatro de cada diez pacientes abandona el tratamiento en el primer mes y hasta un 60% de los que continúan lo hacen a los seis meses. “Los fármacos antidepresivos son cada vez mejores tolerados, pero permanecen problemas como el impulso sexual, la función cognitiva o el enfriamiento emocional”, apunta el doctor Álvarez. Tratamientos farmacológicos eficaces, con pocos efectos secundarios y de una sola administración, serían los ideales, según los expertos, para que esa tasa de adherencia aumentase.

Fuente: El Diario Montañés: Daniel Roldán

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