¿Cómo salir airoso ante una situación de ridículo?

¿Quién no ha dicho alguna vez eso de “¡tierra, trágame!” ante una situación en la que las cosas no salieron como habíamos planeado?

Hace pocas fechas, la mayoría de nosotros fuimos testigos de cómo al Consejero de Hacienda del País Vasco, el Sr. Azpiazu, la lectura de un texto le jugó una mala pasada.

 

Pero, ¿cómo tomarse esta situación?

Se trata de un buen ejemplo para darse cuenta que lo importante no es la situación en sí, sino cómo las interpretamos. Para muchas personas, este suceso sería “el fin del mundo, algo horroroso, terrible, cómo me pudo pasar, me ha visto toda España, ….etc.”

 Y quizás la que podría ser la peor parte, ya que siendo consejero y siguiendo en el cargo, sería la ansiedad anticipatoria; “¿Cómo lo hago la próxima vez que me toque dar otra rueda de prensa?, seguro que habrá mucha expectación, y si me vuelve a ocurrir….etc.”

De hecho, en la siguiente comparecencia del Sr. Azpiazu sí que como se esperaba hubo bastante expectación por ver cómo reaccionaría el Consejero, y lo hizo, como podréis ver, de una manera magistral

 

¿Cuál es la clave? ¿Por qué unas personas dramatizan más que otras?

Por lo general, las personas que suelen interpretar estas situaciones como algo “traumático” son aquellas que conviven con determinadas creencias irracionales del tipo:

  • debo de gustarle a todas las personas (gustar, caer bien, agradar)
  • debo de ser discreto, jamás llamar la atención (por eso te molestan o te súper atraen las personas histriónicas, esas que al entrar a un cuarto llaman la atención de todos)
  • mi apariencia siempre debe de ser perfecta
  • debo de evitar la burla, la crítica y el rechazo al máximo posible
  • si me rechazan sería insoportable, no podría tolerarlo
  • el quedar mal habla mal de mí
  • debo de ser fuerte y emocionalmente estable

En otras palabras, personas que se autoexigen ser perfectas, fuertes, agradables…etc.

Todo lo contrario que nuestro Consejero, una persona que se permite ser “humano”: cometer errores, meter la pata, no ser perfecto y algo más fundamental: saber reírse de uno mismo y dejar de sentirse tan importante. ¡Enhorabuena Consejero!

Baltasar Rodero

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