El sistema educativo

Quizás sea el cordón umbilical del que se nutre nuestro comportamiento, nuestra forma de ser y de observar el mundo, nuestro grado de desarrollo y bienestar, en definitiva, nuestra existencia.La educación, el conocimiento, la cultura, el talento, suponen los cimientos desde donde nace, se desarrolla y crece, nuestra actividad vital, de tal forma que su fortaleza y seguridad, además de su diseño, tendrá mucho que ver con el edificio o arquitectura de la vida de cada individuo.

Desde esta concepción del sistema, nos podemos preguntar, ¿nos preocupamos realmente,de la adquisición de una formación adecuada para nuestros hijos?, ¿nos mueve algún tipo de inquietud intelectual?, ¿luchamos por la búsqueda de los más cualificados conocimientos?, ¿cuántos libros existen en nuestro domicilio que se puedan leer?, ¿qué estamos enseñando nosotros, con nuestro ejercicio vital diario?…Porque el niño, a lo largo de su desarrollo, va a ir incorporando cuanto perciba por sus sentidos, oído, vista, tacto, etc., y la primera referencia con la que cuenta, es la correspondiente a la familia, esta es la primera responsable de que pueda aprender:a hacer pis en el lugar adecuado, a comer correctamente, a que existen unos horarios que hay que respetar, a que nos entendamos a través de la palabra y del lenguaje no verbalizado, gesto, postura, movimientos.

El sistema educativo se inicia pues en el hogar, con la interacción al lado de nuestros progenitores, hermanos y familia, son estos los verdaderos maestros, como lo son por extensión cuantos les rodean, vecinos, amigos, y sociedad en general, junto a ellos observamos el complejo mundo y su movimiento:son todos aspectos que el niño sin querer, por ósmosis, va a ir interiorizando, formando con la suma de estos y otros estímulos, su verdadera personalidad. El sistema educativo recepciona a la edad de los tres años al niño, ya básicamente aprendido, dotado con ciertos conocimientos, a los que unirá, a lo largo de su vida educativa, los correspondientes al sistema, en relación con los contenidos del programa especifico que le corresponda, de la mano del profesor, así como con la convivencia e interacción de los compañeros.

La escuela, como primer eslabón del sistema cumple una doble función, inicia al niño en la dinámica del grupo, enseñándole a participar, colaborar, compartir, competir, con los compañeros, y, además, ha de trasmitirle conocimientos, utilizando una metodología eminentemente práctica, teniendo como base el juego, que es el mejor vehículo para poder acercarnos a la realidad, en ausencia de miedo.El maestro representa en parte, la figura de padre en ausencia de este, ostentando, además de su seguridad y autoridad, su comprensión, complicidad, respeto y cariño.Las habilidades son esenciales, e incluso vitales, teniendo el carácter de genéticas en una parte muy sustanciosa, por ello, no se pueden aprender, ni en consecuencia enseñar, siendo sus frutos, especialmente la empatía y la cercanía emocional, frutos que, de no existir, no se daría la conexión entre el niño y el maestro, y este se alejaría instintivamente, porque sentiría la denuncia de su fracaso, con lo que el divorcio entre ambos se consumaría. Una parte del colectivo de fracaso escolar, se gesta en la frustración de esta vivencia de cercanía.

Los niños en primaria tienen un mayor grado de desarrollo, la exigencia y el respeto han de ser los referentes principales, son biológicamente mayores, pero emocionalmente niños, por lo que se les puede herir con mucha facilidad: comparándoles, afeándoles algún hecho, comentándoles alguna torpeza, etc., por esto el respeto ha de ser escrupuloso.

El profesor es maestro en todo, no sólo en el campo de los conocimientos, también en actitudes, afectos, colaboración, comprensión, etc., es pues, referente en todas las categorías del comportamiento, es el ejemplo a seguir, de aquí la exigencia de su «saber estar», en todos los momentos, incluidos los silencios.

Es importante por esto, no solo la necesidad de una formación cualificada del profesor, sino un reciclaje obligatorio y permanente, en la que tenga especial protagonismo, además de la enseñanza de conocimientos, la metodología en la trasmisión o la trasferencia de éstos.         

Hace dos semanas, y con ocasión de una fiesta familiar, tuve una ocasión de compartir mesa con tres docentes, uno de ellos recientemente jubilado, obviamente discutimos, analizamos y contrastamos criterios respecto a nuestro sistema educativo, siendo coincidentes todos ellos en los siguientes aspectos.

El profesor juega un papel esencial dentro del sistema, pudiendo señalar que, junto al dicente, son los verdaderos protagonistas del mismo. El niño recibe de su medio natural, ciertos conocimientos básicos, como fruto de la interacción con este. El profesor, que contará con cierto perfil de generosidad y amor, recibirá una enseñanza permanente, así como un método eminentemente práctico, para la transferencia eficaz de esta, captando hábilmente la atención del alumno.Esta formación ha de incidir, en el respeto y amor al alumno, así como en su actividad, a través de una voluntad activa, subrayando el significado del esfuerzo, que se viene defendiendo desde Aristóteles.

Fuente: Dr. Rodero, Psiquiatra, Santander 2026

 

 

 

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