Un nudo en el alma

Es muy de mañana, y los progenitores se han levantado y están situados en la mesa para desayunar, no se escucha una palabra, el silencio es absoluto, sólo se respira y en ocasiones de forma entrecortada, además la seriedad y el retraimiento preside todo, ¿quién rompe el silencio?¿quién inicia una mínima conversación?, se vive entelerido por el miedo, que ahoga, asfixia, inquieta, y no permite saborear nada. La madre, siempre con olfato especial rompe el hielo. ¿Sabes a qué hora llegó?, yo estaba dormida porque no he escuchado nada; el padre con medias palabras, pues carece de fuerza para expresar un pensamiento de forma fluida, responde; lo escuché, llegó tarde, me levanté aparentando que iba a beber agua, le vi. La cara como siempre sin expresión, sin gesto ninguno, plana, como si no sintiera nada, y además algo desaliñado, como despreocupado por la ropa, como sin importarle nada, cruzamos las miradas, yo dije buenas noches, que tal, y él sin respuesta alguna se fue a la cama.

Qué difícil es vivir así, que cuesta tan enorme estamos viviendo de forma diaria, es como si estuviéramos encarcelados, aunque allí nos prohíben hacer y aquí no sabes que hacer, y pasa el tiempo, y lo peor es que la situación no mejora, no se encarrila hacia una dirección esperanzadora, todo sigue igual, en ascuas, en equilibrio inestable, y claro no se puede tocar, porque ese equilibrio se puede romper, y la respuesta podría ser dramática. Ya nos ha dicho el doctor, que no presionemos, que no preguntemos demasiado, que no planteemos novedades, que estemos atentos a sus requerimientos si los hubiese, que tome la medicación, prestada siempre por la mano más inocente, y que acuda a las consultas, y si se niega no presionarle, que la hija, la persona más cercana y mejor aceptada, trate de convencerle y le acompañe.

Ya, dice el esposo, pero es poco, vivir en esta situación tan incierta, en la que cualquier momento él puede tomar una medida equivocada, es como no vivir, yo creo que nuevamente tenemos que hablar con el médico, por si podemos hacer algo más, aunque sea poco, es que da pena, e impresiona sinsentido, que él se acerque a la mesa cuando le parezca, que hable milagrosamente cuando le salga la voz, para no decir nada, porque nada de lo que dice es inteligible, son, más que palabras, muecas, gestos, que indican insatisfacción, malestar, inquietud, desorientación, soledad, a lo que se suma una actitud de algo, que no sabemos que es, porque no entendemos ni imaginamos, además parece que la medicación no le cambia, no se observa una relación entre el tratamiento y su respuesta.

Se levanta… si se levanta, cuando le parece, se viste también como le parece, en ocasiones como el resto de los jóvenes, pero en otras se nota alguna rareza, o singularidad, no habla, o habla lo mínimo, respondiendo con monosílabos o con indicaciones de movimiento o gestuales, carece de conversación, no se queja, no se alegra, no comenta sentimiento alguno, su expresión es neutra, y no es fácil adivinar donde está situado emocionalmente, además nos ofrece cambios, pasando de lento a agitado, de estar parado a apresurarse; y con la hermana cada día habla menos, parece que le manifiesta que no lo puede ayudar, que no se moleste, que las cosas son así, sin decir como son, que está aburrido, y no sabe qué pinta aquí, ante esta amenaza velada que nos roba el aliento, cuando llega a consulta no se toma ninguna solución, se le invita a participar en un grupo, parece que lo acepta y después va cuando va, cuando le parece, aunque incluso si va, va a la fuerza, en el fondo porque creo que no tiene otra cosa que hacer.

Pasado el tiempo, un día tarda en llegar a casa, y las luces se nos encendieron, pensamos que ya no venía, últimamente hablaba menos, sólo algo con su hermana, se había alejado de los compañeros que le quedaban. Salimos entonces a recorrer sus rutinas, y hablar con las personas que le observaban en su camino, especialmente cuando visitaba una peña enorme frente al mar, como si midiera distancia y viera más allá del momento, o fantaseara con lo que se iba a encontrar, cuando se dirigiera a aquel lejano lugar. Dado por desaparecido, a los pocos días le encontraron, con sólo una nota, “nadie es culpable de nada”, vivo en un mundo que no sólo no me gusta, es que me hace sufrir, tanto, que no lo puedo aguantar, así que aceptar esta respuesta como algo, que además de normal, es la lógica.

Fuente Dr. Rodero, Psiquiatra, Santander 2026.

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